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Los discos intervertebrales son una especie de almohadillas que se sitúan entre dos vertebras y su función es amortiguar las cargas y permitir el movimiento de la columna. Estos discos están formados por múltiples capas que se disponen una alrededor de la otra en forma de “cebolla” (anillo fibroso), en el interior existe un núcleo gelatinoso (núcleo pulposo), cuando se rompen las fibras que lo rodean el núcleo suele desplazarse hacia atrás en el interior del canal vertebral (que es por donde bajan los nervios que llegan a las piernas). La propia rotura produce dolor pero si además esta hernia por su tamaño o localización comprime una de las raíces nerviosas puede producir los síntomas antes descritos en las piernas.

Suele producir dolor lumbar junto a contracturas musculares y frecuentemente dolor irradiado (que se extiende) a una de las piernas con o sin sensación de acorchamiento y hormigueo. En los caso más graves puede acompañarse de debilidad muscular en la zona de dolor.

Suele aparecer en personas jóvenes (20-50 años) y existe cierta predisposición hereditaria a padecerla. Aunque se sabe que las sobrecargas repetidas de tipo laboral o deportivo generalmente y los traumatismos que afecten la columna pueden fisurar el anillo fibroso dando lugar a la hernia.

El tratamiento inicial debe ser mediante reposo y antiinflamatorios (AINES y corticoides) a los que se podrá añadir fármacos analgésicos y relajantes para controlar el dolor. La cirugía se reserva para casos persistentes y para los casos en que la hernia sea de gran tamaño y se acompañen de dolor intratable con medicamentos o debilidad importante de las piernas. Con la cirugía generalmente se intentara extirpar el material herniado, aunque en algunas ocasiones requiere la fijación del espacio con tornillos y barras (artrodesis).