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El pie cavo es un pie que presenta una bóveda plantar excesiva, al estar aumentada la bóveda ciertas zonas que normalmente están en contacto con el suelo en estos pies no lo están, y por lo tanto las cargas se concentran en una menor superficie que en un pie normal. Las zonas sobrecargadas son la cabeza de los metatarsianos y el talón.

Las causas pueden ser hereditarias o debidas a enfermedades neurológicas o musculares (poliomielitis, espina bífida o ataxia de Friedrich). También ciertas enfermedades reumáticas pueden evolucionar produciendo un pie cavo.

En muchos casos cuando la deformidad no es muy aparente no produce dolor. En estos pies es más frecuente la aparición de metatarsalgias (dolor debajo de la cabeza de los metatarsianos), callosidades en los puntos de apoyo excesivo (cabeza de metatarsianos y talón). Con el tiempo pueden aparecer deformidades en los dedos (dedo en garra) que a su vez produzcan dolor al rozar con el calzado. La alteración en la transmisión de las cargas puede facilitar la aparición de artrosis y de tendinitis que también producirán dolor en diferentes puntos del pie.

Además de las medidas habituales de evitar las sobrecargas excesivas (obesidad) y el uso de calzado adecuado. Se podrán usar plantillas con las que se pretende aumentar el área de apoyo del pie y/o descargar las zonas de mayor presión (como la cabeza de los metatarsianos). Las tendinitis y el dolor agudo se podrán tratar con antiinflamatorios y analgésicos de manera episódica. Finalmente la cirugía solo se realizara en los raros casos de pies con grandes deformidades y dolor intratable con las medidas conservadoras. Con la cirugía se intentará restablecer la forma normal del pie cortando y realineando ciertos huesos que participan en la deformidad o bien fusionando las articulaciones que han evolucionado a una artrosis. En los casos en los que se produzcan dedos en garra y estos sean el origen del dolor se podrán reorientar mediante la cirugía.